"I'm your father" A 30 años de Empire Strikes Back


por Alejandro Alemán
“No lo sé George, Star Wars fue un gran éxito y una segunda parte siempre será simplemente una segunda parte, sólo podría aspirar a ser la segunda mejor. No creo que quiera hacerlo”. Esa era la respuesta que el director Irvin Kershner le daba a George Lucas cuando éste le pedía dirigir la segunda parte de Star Wars, o mejor dicho, el Episodio V de la saga.
En un desayuno, Lucas intentaba convencer a Kirshner de dirigir la secuela de una de las películas más rentables en la historia del cine. Star Wars fue en su momento toda una sorpresa. Nadie creía, nadie esperaba, nadie –ni el mismo Lucas- estaba preparado para ese nivel de éxito. Star Wars, después bautizada como Episodio IV, es una de las películas con mayor recaudación en taquilla de la historia. Todo ello hacía obligatorio filmar una secuela.

Pero George Lucas no estaba dispuesto a pasar una vez más por la misma tortura que vivió cuando filmaba la primera cinta. No quería saber de nuevo sobre la presión del estudio, de presupuestos, de altas temperaturas en el desierto y de horas en el cuarto de edición. No quería volver a sufrir de “hipertensión y agotamiento”, tal y como los doctores le diagnosticaron cuando a media filmación de Star Wars le empezaron unos fuertes dolores en el pecho.

Pero si hay algo que en definitiva George no quería volver a vivir y eso era dirigir a sus actores. A Lucas en realidad nunca le ha encantado dirigir, y la experiencia con Carrie, Mark y Harrison había sido desgastante; ellos eran unos chiquillos que no entendían lo que decían sus diálogos y que entre tomas se la pasaban bromando, no se tomaban en serio lo que hacían, eso enojaba mucho a George del que sólo escuchaban insistentemente esta frase: “Más rápido, más intenso”.
"Piénsalo bien Irvin, si esta película tiene éxito podré hacer más películas, pero si fracasa será el final de Star Wars”, le dijo George a Kershner. Esas palabras no eran necesariamente alentadoras, al contrario, delineaban perfectamente la tremenda responsabilidad que tendría el director que se hiciera a cargo de aquella tarea. Bajo los hombros del director, no sólo estaría la responsabilidad de hacer una buena película sino de hacer que un negocio de millones creciera aún más.
Las palabras de George, más que convencer a Kershner, lo llenaban de dudas. La situación era aún más extraña si pensamos que aquel joven de gafas, barbudo, con ya varios millones en el bolsillo, había sido alumno del propio Irvin Kershner en la USC. Irvin se refería a Lucas en esos tiempos como un joven que carecía de ojo como director “pero tenía gran visión, corazón y creatividad. Veía una escena desde varios ángulos, y no estoy hablando de cuestiones visuales, él de hecho nunca fue un buen camarógrafo. El era diferente”.
Así es, irónicamente esto se trataba – como en sus películas- de un asunto de maestros y discípulos. El alumno, en este caso, intentaba convencer al maestro para que se uniese al lado obscuro de Hollywood, al lado de los blockbusters de millones de dólares.
“¿Qué quieres para dirigirla?” lanzaba Lucas ya en un plan desesperado. “Quiero hacerlo sólo. No quiero que estés tras mi hombro o merodeando en los sets. Quiero absoluta libertad para hacer mi película”. La situación no podía ser más hermosa. La lucha de Lucas durante todo este tiempo había sido, justamente, por mantener el control creativo de sus obras. Odiaba, por sobre todas las cosas, cuando la gente de traje y corbata le pedía modificar guiones o cortar tomas. Lucas amaba la libertad creativa, y ahora para poder continuar en el negocio tenía que ceder aquello por lo que en su momento él mismo luchó. Lucas entendía muy bien la petición de Irvin y no podía sino estar de acuerdo.
“Te propongo esto” le dijo Luas a Kershner, “ni siquiera me verás en los sets, a mí ni me gusta Inglaterra”. Fue así como Irvin Kershner consiguió dirigir Empire Strikes Back bajo el ojo de un autor y no de un simple director a sueldo.


Un director bajo contrato usualmente sólo se limita a plasmar el guión en la pantalla; pero un autor se involucra en la historia, propone cosas, proyecta su visión en la película. Es así como Kershner dirigió Empire, como si se tratara de su propia película y no una cinta de George Lucas.

Elresultado fue apabullante. Empire Strikes Back es, sin duda alguna, la mejor película de toda la saga de Star Wars, preculeas incluídas. Es demás una de las mejores secuelas en la historia del cine Hollywodense y además, una de las películas más obscuras de la saga.
Kershner había roto aquel apotegma que reza “segundas partes nunca fueron buenas”, y lo hizo rompiendo reglas. Hollywood nos había acostumbrado a los finales felices, aquellos donde no importando la situación, los buenos siempre ganan y los malos obtienen su merecido. Empire era todo lo contrario, aquí la alianza rebelde vivía su momento más obscuro, Han solo era capturado, torturado y congelado en carbonita, C3Po quedaba reducido a chatarra, Leia y Chewie son prisioneros del Imperio, Luke pierde su mano en la batalla contra Vader y además se entera de la terrible noticia, “I’m your father”.

Y así, en un climax elevadísimo (raro en una segunda parte), con la alianza rebelde diezmada y el Imperio triunfante, Kershner cerraba Episodio V. La audiencia no lo podía creer, ¿cómo era posible que la película terminara así?, el público salía emocionado de la sala y con un deseo claro en la mente: ver en cuánto estuviese lista, la tercera parte de esta saga. Es así como Kershner cumplía con el otro requerimiento de Lucas, hacer una secuela rentable que asegurara más secuelas.

Muchas cosas hacen memorable Empire Strikes Back: es la primera vez que conocemos a Yoda, se rebela más de la filosofía Jedi, Vader se enfrenta a Luke, Leia y Han viven un romance bastante sui géneris, Luke aprende más de la fuerza, etc.

Si todos esos elementos funcionan, es obra y gracia de Irvin Kershner, un director que trabajó con visión de autor lo que originalmente era una cinta por encargo. Lucas hizo grande a Star Wars, Kershner la hizo leyenda.

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