Crítica - Mad Max: Furia en el Camino


Mad Max: Fury Road
Dir. George Miller

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

Es curioso que entre tantos blockbusters de Verano, con superhéroes salvando una pequeña ciudad que levita en el aire en Avengers: Era de Ultrón o autos tuneados cayendo de aviones sobre un muy protegido camino (ajá) en Rápidos y Furiosos 7, se pueda encontrar en cartelera a una película como Mad Max: Furia en el Camino (Mad Max: Fury Road, 2015), en la que su director y principal responsable George Miller decide tomar todos los elementos a su disposición y transforma una trama sencilla en un espectáculo cinematográfico muy a la old-school.

Max Rockatansky (Tom Hardy) solía ser solo un hombre huyendo de su pasado y de los peligrosos bandidos que ahora habitan el desolado mundo post-apocalíptico. La guerra por el agua y el petróleo ha dejado, además de un ambiente completamente desértico, a miles de sedientas personas que ahora rinden pleitesía a Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), quien controla la Ciudadela y el abastecimiento que esta improvisada metrópoli ofrece. Después de ser capturado y ofrecido como el nuevo reemplazo sanguíneo de un guerrero conductor (Nicholas Hoult), Max se ve en medio de una guerra sobre ruedas para atrapar a Furiosa (Charlize Theron), la mejor conductora de la Ciudadela y también quien ha secuestrado a las mujeres que transportan a los nuevos hijos del inmortal señor de la guerra.

Tomando como boceto las primeras dos películas de Mad Max protagonizadas por Mel Gibson, Miller recrea el desolador paisaje apocalíptico que había ideado en los setenta y lo moderniza sin mayores problemas. Los monstruosos autos modificados siguen ahí, el escenario sigue ahí, el personaje misterioso cuya profundidad va más allá de su chamarra de cuero y lentes oscuros sigue ahí; sin embargo en Fury Road, el realizador, con ayuda de Nico Lathouris y Brendan McCarthy, concibe un guión interesante que lo mismo puede darse el lujo de coreografiar secuencias de persecución en una árida carretera a poner en perspectiva ciertos asuntos sociológicos y metafóricos, incluyendo aquellos donde la mujer, representada aquí por atractivas actrices o por una golpeada y manca guerrera respetada, se establece como el punto fuerte de la historia.

En su western con tintes de una ópera punk, Miller (quien en su séptima década se ve más irreverente que nunca) se apoya en una estupenda fotografía, responsabilidad de John Seale y el estridente soundtrack compuesto por el músico Junkie XL (Créanme que cada vez que aparecen los tambores o aquel fantástico personaje secundario colgando entre bocinas con una guitarra en llamas, el músico fortalece su reconocimiento) para entregar un inteligente ejercicio de entretenimiento donde los pocos diálogos y la rapidez con la que avanza el metraje se engranan a la perfección.

Mad Max: Furia en el Camino no se parece a nada que hayamos visto en el cine aunque muchas de las cosas que aquí se presentan ya hayan sido plasmadas en celuloide y todo eso es culpa de Miller, que en una arriesgada pero afortunada decisión impregnó a su nuevo proyecto de un aire sencillo donde la correcta edición sin los ya acostumbrados cortes arbitrarios a la mitad de la acción y un magnífico trabajo en coordinación de dobles y dirección de arte sustituyendo a los reiterativos efectos creados por computadora, permiten que la cinta se note como una bocanada de aire fresco en una cartelera opacada por los grandes y por momentos innecesarios efectos especiales.

Tom Hardy cumple en los silencios y en los sobresaltos al momento de interpretar al Max del título. El hombre perseguido por promesas incumplidas y errores en su pasado se comprende gracias a la labor actoral de Hardy (y el estilo tácito de Gibson). Sin embargo el filme tiene un verdadero protagonista escondido y ese ese Charlize Theron; pues es la actriz sudafricana quien carga con el peso de los conflictos morales y quien detona la acción durante el filme. Como Furiosa, Theron se convierte en el personaje patea traseros que toda película del género necesita, sin que esto signifique que su rudeza no permita ser matizada con momentos de desesperanza y rabia. Mención especial merece el trabajo hecho por Nicholas Hoult, que se confirma como una estrella en asenso al interpretar a un kill boy resignado a morir y Hugh Keays-Byrne quien regresa a la saga en el papel de un villano mesiánico cuya principal fortaleza recae en la manipulación del pueblo al que tiene controlado y en su aterradora apariencia con dentadura de acero y aparatos de respiración a la Darth Vader.

"El mundo pertenece a los locos" reza el tagline con el que se vende Mad Max: Fury Road en sus posters. Sin duda eso es cierto, a medio paso de la locura y la genialidad, Miller nos atrapa por dos horas con una de las películas más ambiciosas y apantallantes que se han visto en los últimos años. Si el mundo le pertenece a los locos, el verano (por lo menos el cinematográfico) le pertenece a George Miller y su mundo apocalíptico.

****

Mad Max: Fury Road
Australia, 2015
Dir. George Miller
con Tom Hardy, Charlize Theron, Nicholas Hoult, Hugh Keays-Byrne
Duración: 120 minutos
Distribuye: Warner Bros. Pictures México

Ganadora del Oscar
- Mejor Edición -
- Mejor Dirección de Arte -
- Mejor Diseño de Vestuario -
- Mejor Maquillaje y Peluquería -
- Mejor Sonido -
- Mejor Edición de Sonido -
Película programada en el Festival Internacional de Cine de Cannes 2015

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