Crítica - La Gran Muralla


The Great Wall
Dir. Zhang Yimou

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

Desde el principio de sus tiempos, el cine chino ha sobresalido por su elaborado uso de la épica cómo un vehículo para la preservación de sus historias. Celosos de sus tradiciones y costumbres, la cinematografía china, reprimida y cerrada por tácticas tanto gubernamentales como culturales, se ha mantenido fiel a sus principios a lo largo de los años, por eso sorprende que de ahí emane, en colaboración bilateral con una gran compañía americana, un producto como La Gran Muralla (The Great Wall, 2017), que aprovecha su característica escuela para crear una película lamentable para su historia, tómese eso en el sentido literal y metafórico de la oración.

Huyendo de un grupo de forajidos y buscando la codiciada pólvora negra, dos mercenarios (Matt Damon y Pedro Pascal), deambulan por el lejano oriente hasta que se encuentran con una insólita figura ancestral que amenaza con devorarlos. Saliendo invictos de la batalla con el gigante lagarto, William Garin y Pero Tovar (ese es el nombre que, al menos, doce manos idearon y conservaron) continúan su huida, topándose en el camino con una enorme edificación que la legión de los Sin Nombre ha construido para defender al Imperio de los taotie, una extraña raza de monstruos que cada sesenta años regresan para destruir y conquistar el territorio que una vez creyeron suyo.

Sin identidad definida, esta extravagante muestra de la necesidad que la industria hollywoodense tiene por incursionar en el jugoso mercado chino, camina entre los absurdos por más de cien minutos sin llegar a ningún lado rescatable. Escrita por Tony Gilroy, Carlo Bernard y Doug Miro, con inspiración en una historia original de Max Brooks, Edward Zwick y Marshall Herskovitz, The Great Wall toma una cultura milenaria y ocupa sus elementos más característicos (o los más conocidos por el mainstream por decirlo de alguna forma) en un escenario ficticio absurdo donde la gran muralla del título ha sido creada para defender al gigante asiático de monstruos y no del terror mongol que los asechó por años. Con la suspensión de la realidad permitida y dejando de lado cualquier error histórico que tenga (y hay tantos que se podría hacer un libro de texto con ellos), el argumento comete errores obvios que sólo hacen más complicada una historia que en su concepción ya era tonta.

Una de las sorpresas más dolorosas del filme es encontrarse con nombres como Zhang YimouZhao Xiaording en los créditos principales de este aburrido desastre. Zhang, director de Hero y House of Flying Daggers, es conocido por su habilidad por contar historias rodeadas de acción, crudeza y una cautivadora paleta de colores; desafortunadamente, al reconocido director se le nota limitado y ausente en el filme con apenas destellos de su control tras la cámara en ciertos elementos: la coreografiada presentación de los ejércitos, la aparición de un empoderado personaje femenino y la sobreexplotación del technicolor cuando los protagonistas se encuentran atrapados a la mitad de la Ciudad Prohibida. Por su parte, Zhao, colaborador recurrente de Zhang, entrega junto al director de fotografía Stuart Dryburgh, un trabajo opaco que embona más con el modelo de filmación americano que con el avasallador estilo del cine chino. Además, la artesanía que caracterizaba a ambos cineastas palidece ante su poco controlada edición y el reiterativo uso del CGI con lagartos gigantes que funcionan como masa sinsentido y un juego de escenarios que se notan más falsos que la historia en sí.

Matt Damon encabeza el reparto donde está claro que él no es la estrella principal. Aún con el crédito más importante y sirviendo como rostro frente a la distribución mundial, el personaje de Damon adolece frente a una larga lista de actores asiáticos bien posicionados, desde Tian Jing quién encarna a la comandante fuerte y tradicional hasta Han Lu, un ex miembro de una conocida banda de K-Pop a quién es evidente que la cámara y el guión lo buscan hasta en los rincones más perdidos de la muralla. Por si fuera poco, el poco interés que uno podría tener frente a un apagado Matt Damon se evapora ante la presencia de un carismático y un tanto desperdiciado Pedro Pascal, quién fácilmente se roba la película, aunque eso no sea del todo un halago.

Contrario a lo que la definición y August Wilson en su obra Fences indican, esa muralla, La Gran Muralla sirve para mostrar la desafortunada unión de dos mundos que aparentemente aún no terminan de entenderse. Con un futuro prometedor por delante, al filme le fue tan bien en el mercado local que poco importa lo que pueda hacerse en el resto del mundo, la unión Hollywood - China atemoriza, especialmente si los resultados que se buscan son tan mediocres como los que apenas alcanza este horror digital y narrativo. Sí el público está dispuesto a repudiar muros, este filme es un buen comienzo.

*

The Great Wall
China, 2017
Dir. Zhang Yimou
con Matt Damon, Tian Jing, Pedro Pascal, Willem Dafoe
Duración: 104 minutos
Distribuye: Universal Pictures México

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