Crítica - Spy: Una Espía Despistada


Spy
Dir. Paul Feig

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

Hace un par de meses, con el estreno de Kingsman: El Servicio Secreto, hablábamos de una sátira a las películas de espías que rayaba en el absurdo para lograr satisfacer su misión. Parecía, en el temprano mes de Marzo, que acabábamos de ver la película definitiva en la que las antes rebuscadas y ahora profundas historias de James Bond (y todos los personajes que de ese formato se han desprendido) eran analizadas con humor negro y un estupendo manejo de la acción. Ahora, con la llegada a las carteleras de Spy: Una Espía Despistada (Spy, 2015) obtenemos una convincente e hilarante parodia a las películas del género de la mano del director Paul Feig y su musa la comediante Melissa McCarthy. ¿Ridícula? Un poco ¿Divertida? Bastante.

Susan Cooper (McCarthy) es una inteligente analista de la CIA que trabaja desde las oficinas centrales en Langley. Su misión: ser los ojos y oídos (o el ojo y oído que ella ocupa) del agente especial Bradley Fine (Jude Law); sin embargo cuando su compañero es asesinado por la traficante de armas y heredera de un emporio de contrabandistas Rayna Boyanov (Rose Byrne) y los nombres de todos los agentes de campo son descubiertos, Susan deberá abandonar su escritorio infestado de murciélagos para detener a Rayna, antes de que esta pueda vender una letal bomba nuclear a Sergio de Luca (Bobby Cannavale), un contratista europeo que planea estallar su nueva compra en Nueva York.

Iniciando con una prolongada y bien lograda secuencia de acción que cruza en intervalos con los infestados cuarteles de la CIA, Spy: Una Espía Despistada arranca con sus evidentes guiños hacía el agente británico más conocido del mundo: créditos iniciales con siluetas y música a la Shirley Bassey (aunque aquí el tema principal es compuesto por Theodore Shapiro), autos lujosos e intrigas internacionales. Afortunadamente, la aparentemente sencilla parodia que Paul Feig tenía preparada para los agentes de traje y pistola automática, tiene un elemento especial y quizá sea este el más brillante que una película de su género podría tener: Melissa McCarthy.

La fórmula Feig / McCarthy ya había funcionado en Damas en Guerra (que incluso llevo a la comediante a ser reconocida con una nominación al Oscar como Mejor Actriz de Reparto) y Chicas Armadas y Peligrosas que hace apenas dos años significó un éxito en taquilla y la consolidación de la actriz en la A-list de Hollywood. Aún con esos referentes, McCarthy nunca había tenido una oportunidad para brillar con su excelente toque cómico como lo tiene en Spy, un claro vehículo de lucimiento donde a lo largo de 120 minutos la vemos maldecir, golpear a una joven espía, vomitar sobre cadáveres, andar en motocicleta con tacones y caídas, acabar con un asistente sueco, poner en su lugar a una caprichosa mujer malvada y cambiar de identidad cuantas veces sean necesarias (aunque en la mayoría sus roles parezcan ser "la tía homofóbica de alguien") . La actriz que defecó en un baño en una tienda de vestidos de novia y jugó a ser la policía mala en los dos filmes anteriores de Feig no conoce límites y en su tercera colaboración con el realizador, se luce.

Claro que para que Melissa McCarthy pueda brillar como sucede en esta comedia tiene que haber muchos elementos a su favor, entre ellos un elaborado guión que viaja por cuatro países y presenta referencias a los gadgets que Q le entregaba al 007 (aquí sin tanto glamour), temas internacionales y cultura pop (acuérdense de Newsies, The Sound of Music y The Phantom of the Opera). Feig desarrolló un guión irresistible al que solo le hacía falta reunirse con la gente ideal, con mención especial a la fotografía de Robert D. Yeoman, y un elenco tan funcional como divertido.

En su primera participación (y la última al parecer) como un atractivo espía inglés, Jude Law cumple con un leve toque de comedia elegante, mientras que Allison Janney y Miranda Hart funcionan perfecto como las oficinistas detrás de las misiones de la agente Cooper. Además de eso Rose Byrne encarna maravillosamente a una molesta líder de una organización internacional del delito, sin que eso signifique que no pueda darse tiempo de molestar a su nueva compañera por su vestuario y sus raras actitudes (la química entre Byrne y McCarthy es brillante desde cualquier ángulo que se vea). Resulta sorpresivo encontrarse a Jason Statham, el hombre detrás de las insoportables cintas de acción de un hombre molesto contra el mundo, burlándose de si mismo y el rol en el que se le ha encasillado con frases que enumeran sus múltiples odiseas en misiones ante su evidente estupidez (¿En serio alguien creyó que el Face/Off entre Travolta y Cage podría ser de verdad?).

Podríamos hablar sobre la importancia que McCarthy tiene y seguirá teniendo en la industria americana después de este filme, de como Paul Feig ha dejado nuestras expectativas altas para su próximo proyecto (una interesante versión de Los Cazafantasmas protagonizada en su totalidad por mujeres) o de cómo alguien podría creer que una regordeta mujer de escritorio puede tener esa habilidad (y ese enorme toque de comedia), pero al final eso es lo que menos importa cuando nos enfrentamos a una película tan divertida y entretenida como la que una mujer disfrazada de la vendedora número uno de Mary Kay en Ohio protagoniza. Sin duda Spy es la comedia del Verano.

***+

Spy
Estados Unidos, 2015
Dir. Paul Feig
con Melissa McCarthy, Rose Byrne, Jason Statham, Jude Law
Duración: 120 minutos
Distribuye: 20th Century Fox México

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