Crítica - Maze Runner: Prueba de Fuego


Maze Runner: The Scorch Trials
Dir. Wes Ball

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

El año pasado, con el estreno de Maze Runner: Correr o Morir, Hollywood había encontrado a su nueva saga favorita. Con el final de The Hunger Games cerca y ante el relativo éxito de franquicias como Cazadores de Sombras o Hermosas Criaturas, la historia creada por James Dashner y dirigida en cine por Wes Ball había sorprendido a propios y extraños, el futuro era prometedor. Un año después de eso llega a las pantallas Maze Runner: Prueba de Fuego (Maze Runner: The Scorch Trials, 2015) la emocionante segunda entrega de la saga en donde, aunque se plantean más preguntas que respuestas, el resultado no deja de atrapar a los espectadores tanto como a sus protagonistas.

Después de ser rescatados del laberinto de CRUEL, Thomas (Dylan O'Brien) y sus compañeros son internados en un refugio donde se les hacen todos los estudios necesarios para saber como sobrevivieron, sin embargo, hay algo que no está del todo bien en ese lugar. Después de infiltrarse en un laboratorio secreto, Thomas y su nuevo amigo Aris (Jacob Lofland) descubren que CRUEL está detrás del siniestro lugar. Ahora, acompañados por Teresa (Kaya Scodelario), Newt (Thomas Brodie-Sangster) y Minho (Ki Hong Lee), el grupo de chicos deberá escapar del refugio y entrar en el desierto donde se enfrentaran a un nuevo peligro: los cranks.

Con un toque más profundo y oscuro, Maze Runner: Prueba de Fuego funciona como una buena secuela de la que quizá es la saga young adult más convincente de los últimos dos años, la sorpresa en este caso radica en que no estamos ante una versión propiamente para adolescentes, en el que problemas de la edad, como la relación establecida entre Thomas y Teresa (tediosa en el libro y balanceada en los dos filmes), sean los eventos protagonistas. En sus 131 minutos de duración, la segunda entrega de Maze Runner, va del terror básico con los cranks (zombies para los cuates) persiguiendo al grupo de jóvenes, al apocalíptico mundo de la ciencia ficción.

Adaptada por T.S. Nowlin, también responsable de la primera entrega, The Scorch Trials adquiere dinamismo gracias a su no tan apegada revisión al libro. Una vez más hay ciertos factores que se eliminan por completo para que la trama funcione con mayor agilidad, pero también en el afán de vender la tercera entrega por adelantado, se comienzan a alargar algunas situaciones y presentar más acciones de las que el filme podría aguantar, prolongando el clímax del filme que aún así sigue atrapando a cualquiera que se siente a ver el filme.

Es un hecho que el mejor aliado que la saga pudo encontrar está en la silla del director. Con su experiencia como director de arte y encargado de efectos visuales, Wes Ball logra entegar una cinta emocionante y visualmente deslumbrante. El arte de Andrew Max Cahn (que ya tenía experiencia con los escenarios desoladores con Divergente) y la fotografía de Gyula Pados remarcan la evolución de esta ambiciosa entrega.

Protagonizada por un correcto Dylan O'Brien y con la participación de Giancarlo Esposito (el villano de Breaking Bad), Maze Runner: Prueba de Fuego confirma nuestras esperanzas en la saga de corredores. Faltan dos años para poder ver la tercera cinta de cinco posibles, de seguir con los resultados hasta ahora expuestos no tenemos mucho de que preocuparnos.

***

Maze Runner: The Scorch Trials
Estados Unidos, 2015
Dir. Wes Ball
con Dylan O'Brien, Thomas Brodie-Sangster, Kaya Scodelario, Giancarlo Esposito
Duración: 131 minutos
Distribuye: 20th Century Fox México

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