Reseña a Todos los Días son Nuestros de Catalina Aguilar Mastretta


por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

Hace un par de años, la joven realizadora Catalina Aguilar Mastretta sorprendió a propios y extraños con su primera película, Las Horas Contigo, un delicado drama familiar sobre la pérdida y el dolor. La sinceridad con la que Aguilar Mastretta, hija de dos de los más importantes miembros de la literatura mexicana, había logrado contar una historia íntima y cálida destacaba entre una dirección correcta y un delicioso reparto femenino. Así que, no era de extrañar que en algún momento, Aguilar Mastretta movería su habilidad narrativa del celuloide al papel, cosa que hace con brutal honestidad en su primera novela, Todos los Días son Nuestros, editada por Océano.

La historia sigue a dos extraños comunes: María, es crítica de cine para una de las revistas más importantes del país; Emiliano, el hijo consentido de la familia Cervera, tiene su primera película en pre-producción mental. Ambos han estado juntos por diez años, una de esas historias que empieza entre los salones de la escuela e inexplicablemente termina con un bote de Ajax quita grasa. Una noche, la vida que se había armado como pareja muere lentamente mientras un taxi llega a una esquina y el orgullo pesa más que la historia. A partir de ahí, en ese momento de crisis, María comienza a reconstruir la vida que dejó una década atrás, una vida sin Emiliano.

Aunque pudiese parecer que la historia principal de Todos los Días son Nuestros es otra de las múltiples anécdotas sobre el fin de una relación, la autora se las ingenia para hacer de su relato, un meticuloso retrato del crecimiento y estancamiento de los dos integrantes de una relación. Partiendo de la dolorosa superación autoimpuesta como método de supervivencia, Aguilar Mastretta sigue a María a través de los recuerdos, los ganchos que la hacen aferrarse a la vida que tenía y el lejano panorama que ofrece un futuro sin, él que ella considera, el amor de su vida. Sin drama innecesario, algo tentador para cualquiera que termina una relación, la autora juguetea con el aterrador día, semana, mes y meses siguientes al fin de una pareja.

Con gracia y la mala leche que Xavier Velasco anticipa en la contraportada del libro, Catalina Aguilar Mastretta mira atareadamente a toda una generación, expone sus miedos, fantasías y defensas desde la extraña fijación por Indiana Jones hasta el regreso al hogar cuando las cosas salen mal. Con diálogos ingeniosos y personajes bien delineados, la también directora y guionista, aborda con soltura a la familia, los sentimientos que nos impulsan y detienen, el enamoramiento adolescente en la edad adulta, las amistades que aparecen casi de manera milagrosa y defiende con elocuencia su pasión por el cine ("El cine me ha acompañado en todo, por eso me gusta hablar bien de él", es quizá una de las mejores definiciones a por qué hacemos lo que hacemos).

Así, Catalina Aguilar Mastretta atrapa y va llevando al lector por una montaña rusa de emociones a lo largo de 249 páginas y años de historias. Con Todos los Días son Nuestros, Aguilar Mastretta agiliza la imparable marcha que había iniciado en la pantalla grande y demuestra que estamos frente a una valiosa nueva integrante de las letras nacionales. En palabras de la autora, nos queda la mejor parte.



Todos los Días son Nuestros
de Catalina Aguilar Mastretta
249 páginas
Editorial Océano
México, 2016

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