Crítica - Ready Player One: Comienza el juego


Ready Player One
Dir. Steven Spielberg

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

No es difícil imaginar el potencial que tendría una historia como la que Ernest Cline se plantea en su novela Ready Player One, un entretenido texto de más de 370 páginas donde sus protagonistas buscan tres objetos dentro de un universo digital para conquistar un atractivo premio. Al menos no lo fue para Crown Publishing - una división de la reconocida editorial Random House -,  y los ejecutivos de Warner Bros. Pictures, quienes compraron sus derechos de publicación y adaptación al cine, respectivamente, en la misma semana de abril de 2010. Sin embargo, es difícil pensar un nombre mejor preparado y con mayores capacidades para llevar esta odisea pop a la pantalla grande que Steven Spielberg, responsable de algunas de las películas más icónicas del cine ochentero, década en la que se desarrolla la historia, que incluso se da espacio para homenajear la filmografía de cineastas como John Hughes, Robert Zemeckis, George Lucas, Ridley Scott y el mismo Spielberg.

Siete años después de la primera edición del libro y a casi tres años de la contratación del también productor de Gremlins, Volver al futuro, Poltergeist y Los Goonies, llega a las pantallas grandes Ready Player One: Comienza el juego (Ready Player One, 2018), una impresionante aventura audiovisual llena de referencias a la cultura pop de los setenta, ochenta, noventa y principios del nuevo siglo. En la cinta, adaptada por Cline y el guionista Zak Penn, el director se adentra en una ciudad de Ohio en 2045, un futuro distópico donde la realidad ha superado la comprensión humana y las guerras por los combustibles han orillado a la población mundial a refugiarse en la plataforma virtual Oasis, creada por el millonario James Halliday (Mark Rylance), quien a su muerte, desvela a sus usuarios que ha ocultado tres llaves a lo largo de los múltiples universos que conforman el mundo virtual, prometiendo otorgarle el control del Oasis y su billonaria fortuna a la primeran0 persona que cumpla con los retos propuestos y consiga las tres llaves. Tras cinco años de búsqueda inútil, el joven adolescente Wade Watts (interpretado por Tye Sheridan, una estrella en ascenso), encuentra la forma de cumplir con la misión, aunque eso signifique combatir día a día a miles de usuarios deseosos de la fortuna de Halliday y la corporación IOI, liderada por Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn entrando a terrenos de villanía acostumbrados), quienes buscan controlar y monetizar el mundo virtual.

Quizá el mejor ángulo para abordar una película como esta es el más lejano a un análisis de su trama, pues esta funciona a lo largo de más de 140 minutos como un extenso McGuffin, un mero pretexto para presentarnos un desfile de referencias pop que se podrán capturar por completo hasta la cuarta o quinta revisión. No es porque el argumento original, el apasionante ejercicio literario de Cline, pierda potencia en su transición al cine, al contrario, en su versión más reducida y centrada, - eliminando ciertos aspectos que cualquier cinéfilo podría amar, aunque muchos de ellos se sustituyen en el metraje por uno de los homenajes más apasionantes que se han hecho en los últimos años - , la historia se desarrolla sin mayores problemas, jugando a su favor con todos los beneficios y perjuicios que posee la construcción de un videojuego (esperen un par de deus ex-machina, o para ser más precisos, atajos y recompensas). Eso es todo, la película no tiene mayor énfasis dramático que el que necesita, pues lo atractivo radica en su desarrollo en pantalla.


Acompañándose de su director de fotografía, el polaco Janusz Kaminski y la música del compositor Alan Silvestri, quien a lo largo de las últimas dos décadas del siglo XX acumuló méritos para figurar en esta película sin necesidad de extrañar al gran John Williams, Spielberg crea secuencias espectaculares que tendrán a ciertos espectadores, aún los más cínicos, al borde del éxtasis; desde una de las carreras automovilísticas más interesantes en la historia del cine, llena de autos y obstáculos reconocibles como el Batman de los sesenta, Meteoro, Jurassic Park, Akira y King Kong, hasta ese ruidoso final que, a pesar de su extensión y su desenlace muy "à la Spielberg", expande sus límites visuales con más de una veintena de personajes peleando con espadas, muñecos diabólicos y robots gigantes. Con habilidad infantil, el realizador crea lo que podría ser su última obra en el género (su canto del cisne, para utilizar una bella metáfora), una divertida película que engloba sus sueños, anhelos y fantasías; una ópera pop que reconoce su cine, el cine del que formó parte, el cine que ayudó a formar, el cine al que muchos le debemos nuestro amor al cine.

Sin convertir a su filme en un producto bastardo de la nostalgia - ejem, Stranger Things, ejem -, Spielberg despliega todos los objetos a los que tuvo acceso, incluido ese delicioso soundtrack con canciones de Prince, Bruce Springsteen, Tears for Fears, Blondie y New Order, para adentrar al espectador en su juego y convertirlo en un cazador más. Mención especial merecen los verdaderos cazadores del filme, además del equipo de arte de la película seguramente nominados al Oscar el próximo año, Tye Sheridan, Olivia Cooke (la dying girl en Me and Earl and the Dying Girl) y Lena Waithe (la estupenda Denise en Master of None), quienes abordan la pantalla con frescura y gracia a pesar de su corta edad.

Aún en su faceta menos seria, aquella que está alejada de los dramas históricos, Steven Spielberg ha logrado crear algunas de las piezas más genuinas del gran cine comercial, entre ellas E.T., Encuentros cercanos del tercer tipo, la trilogía original de Indiana Jones y, por supuesto, Tiburón, la película que inauguró el concepto de "blockbuster", cambiando la forma de producir, distribuir y disfrutar el cine para siempre. Ahora, el director se confirma como la figura más importante que nos ha dado el cine mainstream, poniéndose un paso adelante de todos y creando el primer gran clásico cinematográfico para una generación geek.

"Hay personas que pueden leer La Guerra y la Paz y pensar que es una simple historia de aventuras, otros pueden leer los ingredientes de una goma de mascar y descifrar los secretos del universo", dice Gene Hackman en el papel de Lex Luthor en una escena del Superman de 1978. Esa cita, que también aparece en una de las primeras secuencias de Ready Player One: Comienza el juego, se podría utilizar para describir al cine de Spielberg, un realizador capaz, juguetón, aventurero, incisivo e ingenioso que cumple a sus audiencias, sin importar el tema que abarque, ya sea un apasionante ejercicio sobre el periodismo y la libertad de expresión como The Post - también estrenada este año - o una épica futurista desarrollada en un oasis tecnológico; alguien que puede encontrar una simple historia de aventuras en un texto profundo o alcanzar los límites partiendo de un punto sencillo. Sí el cine es un juego, Spielberg es el jugador que encabeza el marcador de grandes puntuaciones. 

***+

Ready Player One
Estados Unidos, 2018
Dir. Steven Spielberg
con Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance
Duración: 140 minutos
Distribuye: Warner Bros. Pictures México

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