Crítica - Desierto


Desierto
Dir. Jonás Cuarón

por Andrés Olascoaga | @AndresOlasToro

Quizá lo mejor para una película como Desierto (2016), el segundo trabajo del joven director Jonás Cuarón, sea apartar cualquier interpretación política que ésta podría tener. Si, el gobierno de Barack Obama ha sido la administración que más personas ha deportado en la historia y de ganar la candidatura republicana (y posteriormente la presidencia) Donald Trump levantaría un muro gigantesco patrocinado por el gobierno mexicano, pero sería un error y honestamente un acto oportunista (como lamentablemente lo ha hecho el propio Cuarón y la distribuidora del filme) entrar en terrenos donde su producto no tiene las capacidades para competir. El también escritor de Gravedad, realiza un buen trabajo tras la cámara pero que, como parece ser una tradición familiar, se cae frente a su débil argumento.

Con una historia similar a aquella que llevó a su padre a ganar el Oscar a Mejor Director, Cuarón relata una lucha de sobrevivencia en un ambiente hostil. A diferencia de Gravity, donde el personaje de Sandra Bullock viajaba por el espacio con el simple fin de regresar a la Tierra, Desierto sigue la historia de Moisés (Gael García Bernal), un padre de familia que decide cruzar la frontera entre México y Estados Unidos para regresar con su hijo atrapado en Oakland. En su camino, donde es guiado por dos polleros (Diego Cataño y Marco Pérez),  Moisés se encontrará con un cazador americano (Jeffrey Dean Morgan) que con rifle en el hombro, comienza a asesinar a todos los migrantes que ya han pisado suelo americano. Escapando junto a una chica desplazada de su pueblo por la violencia (Alondra Hidalgo), Moisés lucha por su vida al mismo tiempo que el hombre armado los busca entre rocas y montañas.

Partiendo desde territorio mexicano con un grupo de migrantes varados a la mitad de la nada, Cuarón y su amigo Mateo García dan unas breves pinceladas de lo que significa para sus connacionales pasar ilegalmente la frontera. La esperanza de una vida mejor, regresar con un familiar querido o simplemente huir de la violencia en la que el país se encuentra sumido, cada mochilero con gorra representa una historia no lo suficientemente importante para profundizar en ella (al menos el 80% de los viajeros morirán en el primer encuentro con el cazador) pero que cualquiera podría imaginarse. Poco a poco ambos guionistas tocan a los que serían sus dos personajes principales, conocemos sus motivaciones, sus preocupaciones, su historia a final de cuentas. Del lado mexicano la trama parece funcionar perfectamente, sin embargo el fallo viene cuando esa figura opuesta emerge en pantalla.

Sam (no el tío, pero casi) es una "basura gringa" en toda la extensión de la palabra. Hace uso de su derecho a portar armas, viaja en su vieja camioneta por terrenos vacíos, bebe Jack Daniels directo de la botella bajo un calor infernal y presume con orgullo una miniatura de la bandera confederada en el cristal de su transporte. Sam, como si el nombre no fuera lo suficiente evidente, es una reunión de clichés y estereotipos que funcionarían sí, como en Cartel Land, se le diera una motivación. Cuarón y García están más preocupados en entablar contactos entre los mexicanos, ponernos como los indefensos y cuando el gañán armado sale entablar un juego cazador / presa posteriormente convertido en gato / ratón sin mayor sentido. Sin un móvil determinado, de hecho se puede imaginar que el hombre pasó de cazar conejos a asesinar mexicanos por puro gusto, Cuarón hace justo lo que tanto critica, engloba sin conocimiento, martiriza en "la tierra de la libertad" y se da tiempo de marcar roles, así Desierto parece ser una película hecha como en el México de antes, donde unos eran buenos por condición y los otros malos por lo mismo, sin mencionar que por momentos el argumento se puede encontrar superficial e inconscientemente a la defensiva.

Afortunadamente y al igual que su padre, cuando el argumento exprimió todas sus vertientes dramáticas, el buen control en la cámara hace aparición. Debe de ser dicho, Jonás Cuarón es en su segundo largometraje, un hombre capaz de filmar cualquier tipo de cinta. Con la frenética cámara de Damian García y la música de Woodkid, el filme se sostiene gracias a esas largas escenas de persecución filmadas con precisión y un admirable deseo de llegar a un imaginario crescendo. Los paisajes naturales que el estado de Baja California ofrece son el escenario perfecto para desarrollar la cacería humana que un notable Gael García Bernal encabeza. Aún con su pobre diseño de personaje, Jeffrey Dean Morgan cumple y se pone en la piel de una figura que ya le hemos visto en muchas ocasiones (no es tan diferente que The Comedian en Watchmen o Negan en The Walking Dead, sólo que en ambos papeles si tiene un rol de donde lucirse) y que podría palidecer frente al gran villano del filme: el perro Tracker, un animal psicópata al que cualquiera debería temer.

Asesinando a su hermano con saña, Jonás Cuarón demuestra que a pesar de su corta experiencia, el joven cineasta aprendió de los mejores, lástima que también adquirió esa mala costumbre de sorprender visualmente pero decepcionar en lo narrativo ¿o será que el mal guión de Gravity es culpa de Jonás y Alfonso sólo lo dejó ser? En ese caso, cero y van dos.

**

Desierto
México, 2016
Dir. Jonás Cuarón
con Gael García Bernal, Jeffrey Dean Morgan, Alondra Hidalgo, Diego Cataño
Duración: 94 minutos
Distribuye: Cinépolis Distribución

Película programada en el 13vo Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM)
Película programada en el XI Festival Internacional de Cine Universitario KINOKI

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